Fragmento V /3 de La marcha de 150.000.000

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el Canal se extiende, en su parte principal,
desde la presa del Pinjab, a
lo largo de novecientos quilómetros llegan,
hasta donde desembocan Beas y Sutlej,
áridas, las matanzas negras del olivo, tú nunca llegaste,
amor, hasta las fiestas, fueron
silbo y desolación del hombre en los pastizales lentos de su boca,
a lo largo del acoso de su boca,
—...y todas estes redes infinitas...—?
A
bro entonces las piernas a este lado del Canal,
10
mil jaguares maquillando el adobe en las tardes tremendas,
raparon este pubis arañando biologías
y espesas de licor, de vientre en barricada,
pero TÚ nunca llegarás, olvida,
fue dura la extensión del proyecto, —20 metros de ancho y líquenes de sal
[sobre sus muslos,
vestidos como gamos de acero compacto, maquinaria sueca y tractores de
[capacidad cúbica media
—perdieron la lógica en las espumas
y finalmente, bajo la luz de las estrellas,
sembraron bueyes infinitos,
un inmenso ardor de bueyes en el ojo—
quién diría patria, jornada del desierto, ...pan?
sembraron y durmieron,
y un niño de los nuestros seccionó los mediodías,
abriendo agua en los trigales del espanto,
en el reportaje gráfico se observa
el lento declinar de la serpiente a la orilla de la brecha
mientras no arrecie la tormenta habrá trabajo y no
tendremos que volver al regadío,
lejos del desierto y de las temidas filtraciones del subsuelo
la tribu esparce siembras y recoge manantiales,
cemento y labranza a este lado del espanto
sucios de calor a este lado del espanto
a este lado del espanto tiernos de alfileres
a este lado del espanto sus carpas arrasadas:
van y siegan, mueren solos;
fueron
(como se informó) los antiguos envíos
de correas mutiladas a la noche,
una firma militar, y el sello del Correo
en harapo y velo gris,
la que habló con tigres desbocados
cayó rendida hace nueve horas,
nadie da con su mejilla,
a
tentamente, el médico en Zona De
(Rajasthan)
—y vuelo
planeando entre sus brazos como un frío miserable
en sus propias almas gritarán las llanuras, azules del desgarro
con un odio infinito hacia las rocas;
lue-
go,
desde el Pinjab, se cubren las tiendas con plástico sobrante del Canal
y el adobe forma hileras interminables sobre el lecho
quebrando el cielo con colores simbólicos
y agrupando espacios en sus brechas
cavan nichos para padres, hijos o hermanos,
los árboles los plantaron ellas y hay casos de partos en sus orillas,
pero los marjales
ésos los hicimos nosotros (y la locura),
antes que las lluvias se llevaran los mapas, las
osamentas ciegas del vacío,
con fiestas en sus tiendas:
sólo luego los matamos.



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