¡Qué confiada duermes
ante mi vela, ausente
de mi alma, en tu débil
hermosura, y presente
a mi cuerpo sin redes,
que el instinto revuelve!
(Te entregas cual la muerte).
Tierna azucena eres,
a tu campo celeste
trasplantada y alegre
por el sueño solemne,
que te hace aquí, imponente,
tendida espada fuerte.
Califica este poema:
0 votos recibidos
Registrate aquí y haz valer tu voto por dos.
Poemas de Juan Ramon Jimenez

Currently 0.00/5