Madrigales (I)
Esos ojos de noche, tan austeros,
tan pegados a mí con sus borrones,
esos ojos que tú quitas y pones,
esos ojos, en fin, tan maromeros
¡cómo saltan del plato a la ternura!
Esos ojos de simple fantasía
que se quedan sin ser el alma mía,
esos ojos de pascua y fiebre pura
que me tienen enferma, alucinada,
porque sirven el ojo de la nada;
esos ojos silvestres, comensales,
con sus trampas de bien, abrecaminos,
esos ojos que son casi divinos
y se mueren como ojos terrenales.
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Poemas de Carilda Oliver Labra

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