Sustancia del cáliz

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Se rompe en tu regazo la nervadura del sueño,
la noche te cerca, se hunde,
te da, mujer, la tierra.

Hay una ausencia, un hilo gris,
se han borrado los azules,
las aves han partido y la lluvia
ha extraviado las ovejas.
A salvo queda una
(vi cómo se apartó del rebaño,
cómo fue asediada,
la miré desangrarse,
y me encontré en el surco de sus ojos).

Sauces, cirros, cántaros
para la luz de la inocencia.

*

En la visión de los primeros años
el vino se derrama,
la niña sujeta las flores,
ofrenda su canto: estrella
que al vacío es alimento,
rosa perdida en tierra,
abandonada,
casi quieta.

*

La voluntad
cierra sus puertas
y no hay quien diga
manos de tierra,
ojos de tierra
floreciendo.
Pupila,
este negror de mármol
es ave
internándose en la espesura.
Es otoño en tus manos, grieta.
Inclinada permaneces
donde las bestias bebieron.
Nada que cambiar.
Entero el germen sellará tu silueta
que desde los escombros asciende.

*

Como una sombra
en ruinas
te busco
mas te alejas
en un carro de fuego.
Si me acercara
al espejo
llegaría la tiniebla,
su monólogo
hiriente.

*

Vuelve,
dolor desnudo,
a mi desnudez.

Fondo de ancestrales auras,
la impronta de tu imagen
en esta habitación
no alcanzo,
todo huye al roce.

Adéntrame en el llanto:
que ruede como lenta lluvia descendida.

*

Tu rostro por velas alumbrado,
la bruma de tus labios
y el casi transparente cuerpo
al fondo
de raíces desgarradas.
*
Un último perfume
junto al árbol.

Por la mañana
el viento repite su viaje.

Arde en mí tu ausencia.

*

El peine, las horquillas, las fíbulas de marfil
en el armario.
Oh tristeza dulcísima.
Dulce variación en las distancias del alma.
Vago noche y día, te llamo
y no aconteces.

¿Dormirás ahora?

El rasgado cielo
deja caer sus agapantos.

¿Dormirás entera?

Muestra la tierra, la miel del viento,
el refulgente ojo que me aguarda.

*

Dame la miel humedecida,
desea mis palabras,
aduéñate, salmodia de la lluvia,

de mí.

*

Árbol
tu cuerpo
en el descenso

Quietud
es ola siempre.

Húmeda hierba
mi necesidad
cegará.

*

Flor abierta
en fino hielo,
la sustancia
del cáliz
en altares de niebla
es luz de faro sobre el risco,
entre ruinas asoma,
reabre
lo oscuro.



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