Poemas de María Victoria Atencia

Listados a continuación


Casa de Blanca
          No llamaré a tus puertas, aldaba de noviembre: el árbol de las venas bajo mi piel se pudre y una astilla de palo el corazón ...

Casa de los baños
    En dañados espejos un azogue de muerte  revoca el esplendor morado de los lirios.  ¿Podréis reconoceros bajo el palio sin techo  ...

Epitafio para una muchacha
Porque te fue negado el tiempo de la dicha  tu corazón descansa tan ajeno a las rosas.  Tu sangre y carne fueron tu vestido más rico  ...

Ghetto
          Denso es el aire aquí. Y tibio. Lo respiro entre casas que quiebran su fachada en el agua. Un gato mansamente se me enreda en las piernas ...

Godiva en blue jeans
    Cuando sobrepasemos la raya que separa  la tarde de la noche, pondremos un caballo  a la puerta del sueño y, tal Lady Godiva,  puesto que así lo quieres, pasearé mi cuerpo  ...

La Ardilla
En el hayedo, sobre la cruz de un árbol salta una ardilla y me parecen propias y conforme a la naturaleza sus movilidades y afán frente ...

La casa
Me adentraba en ella -ante mí en la cubierta del libro-, en su planta cuadrada y un silencio en sus muebles que adivino o invento: podría ...

La marcha
          Eramos gente hechas al don de mansedumbre y a la vaga memoria de un camino a algún sitio. Y nadie dio la orden. -Quién sabría ...

La rueda
    Verdad es que en el mapa figuraba distante, que una rueda  de mi maleta iba gimiendo, y que en las bocacalles  su cansancio exponían con razón mis tacones.  ...

Laguna de Fuentepiedra
Llegué cuando una luz muriente declinaba.  Emprendieron el vuelo los flamencos dejando  el lugar en su roja belleza insostenible.  Luego expuse mi cuerpo al aire. Descendía  ...

Lavadero viejo
    Cóncavas piedras vienen a recibir mi hato  con un frescor que acepta mi mano en su recinto.  Guardo turno en el húmedo corredor subterráneo:  ...

Mar
          Bajo mi cama estáis, conchas, algas, arenas: comienza vuestro frío donde acaban mis sábanas. Rozaría una jábega ...

Marta y María
          Una cosa,amor mío, me será imprescindible para estar reclinada a tu vera en el suelo: que mis ojos te miren y tu gracia me llene; ...

Puerto
                              Para Biruté Ciplijauskaité           Escucho las campanas del puente de los barcos: septiembre es mes ...

Rosa
          En el joyero Tiffany′s se marchita una joven rosa de Jericó. Sólo al costado mismo de la muerte comienzan su plenitud ...

Sazón
Ya está todo en sazón. Me siento hecha,  me conozco mujer y clavo al suelo  profunda la raíz, y tiendo en vuelo  la rama, cierta en ti, de su cosecha.  ...